Es difícil pensar que el avance ha sido a pasos agigantados en nuestro posicionamiento como mujeres, en un mundo pensado, creado y diseñado para hombres, pero sí, si lo ha sido. Solo hasta hace unas décadas éramos dependientes aún de la decisión y permiso de un hombre para poder trabajar y los trabajos a los cuales nos destinaban eran de manufactura de alimentos, textiles y vestuario. Así nos incorporamos al mundo laboral y desde entonces hemos logrado muchas cosas, generando grandes cambios sociales.
El poder de gestión que tenemos es demostrativo a toda escala. No es menor recordar que según el censo en Chile del año 1813 sólo el 10% de las mujeres sabía leer y escribir. Hoy contamos con representantes femeninas siendo parte del Congreso, tomando decisiones gubernamentales, escribiendo libros, realizando investigación. ¡Somos imparables!
En Chile la presencia femenina en cargos importantes en ámbitos como económicos, políticos y sociales pasó de ser de un 10% a un 20%, concluyó PNUD tras analizar 32.000 cargos directivos y gerenciales de empresas, mandos políticos e instituciones públicas. Lamentablemente estos números disminuyeron debido a la pandemia y la multiplicidad de tareas y funciones en casa se transformó en una sobrecarga que dificultó la posibilidad de preservar el posicionamiento laboral logrado hasta ahora.
Institute for international Economics afirma que las empresas con al menos un 30% de mujeres tienen un 15% más de beneficios que aquellas empresas que cuentan con una menor participación femenina en cargos directivos, ya que está demostrado que las organizaciones que tienen mayor presencia de grupos multi-género, resultan ser más innovadoras ya que tienen otra perspectiva a la hora del análisis de los problemas.
Es solo darnos el tiempo de mirar atrás y tomar impulso para seguir, seguir con nuestra convicción de estar presentes, ser parte y arte de este mundo de gestión e impulsar la diversidad de género en los cargos de dirección de las organizaciones y demostrar que podemos mejorar el rendimiento organizacional. Existen estudios que argumentan que la diversidad de género en las organizaciones incrementa la rentabilidad y productividad, además de fomentar la capacidad de atraer y retener talento, así creamos una cultura inclusiva y respetuosa, donde no predomine un único género. Es esencial que las organizaciones reconozcan la necesidad de crear espacios laborales que sean diversos en términos de género.
Por tantos hitos logrados sabemos que no volveremos a pedir permiso.


